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¿Qué son LA VELOCIDAD Y LA LATENCIA y por qué debería importarme?

Cada segundo en internet viajan muchísimos datos, tantos que ya no se miden en Megas o Gigas, sino en Terabytes, Petabytes y Exabytes. Cada uno de esos “palabros” multiplica por 1000 al anterior.  

Muchos de esos datos van en conexiones móviles. “INTERNET ES MÓVIL” es ya algo más que un eslogan publicitario. Y el reverso también. Los celulares de hoy en día son mucho más que teléfonos y se usan mayoritariamente para acceder a Internet de uno u otro modo, para consultar noticias, enviar correos y documentos, chatear, usar juegos online o ver retransmisiones y vídeos. Depende de para qué utilizamos el móvil, nos importará más la Latencia, la Velocidad, la estabilidad de esa velocidad o una combinación de ellas.

De manera general, LATENCIA es el tiempo que pasa entre una causa y un efecto. Todos sabemos que pasa un tiempo, desde que vemos un relámpago hasta que oímos el trueno durante una tormenta. Esto se debe a que el sonido se propaga a una velocidad de 343 metros por segundo, mucho más que un águila en picado pero menos que algunos aviones, mientras que lo que vemos, viaja a la velocidad de la luz y la luz, como las señales eléctricas, recorre 300 mil kilómetros por segundo. O dicho de otro modo, en un solo segundo, una señal eléctrica podría recorrer los cien metros de un campo de fútbol, ¡un millón de veces!. Entonces: ¿Por qué cuando mando un simple texto a alguien que está cerca de mí, a veces tarda bastantes segundos y en ocasiones, minutos?.

La razón es que las señales dan muchos saltos entre los equipos que las transmiten, para llegar del origen al destino y cada uno de esos saltos y equipos introduce un pequeño retardo. La suma de todos los retardos es la latencia.

En las redes tradicionales de telefonía, la latencia se notaba en las comunicaciones intercontinentales, con enlaces por satélite, de manera que las conversaciones eran más lentas porque pasaba casi un segundo desde que salía la voz hasta que llegaba. Esa misma latencia se notaba en las señales de televisión, de manera que cuando uno escuchaba  en la radio ¡Goool!, faltaban unos segundos para que lo viéramos en el televisor.

La información viaja en paquetes de datos y esos paquetes se reordenan en cada equipo entre esos famosos saltos. Cuando la información es de mayor tamaño, una foto de muy alta definición, un vídeo HD, o cualquier documento de gran tamaño, los retardos se multiplican y la latencia aumenta. En general y para muchas aplicaciones, esto no es un problema. Seguramente preferiremos ver a nuestro equipo favorito en alta definición o UHD o 4K, aunque sea con unos segundos de retraso, a verlo con mala calidad de imagen.

Pero para otras cosas, medio segundo es de vital importancia: Una transacción financiera o una apuesta deportiva que se lleva a cabo antes de que otro lo haga, puede suponer ganar o perder dinero y a nivel global, mucho dinero. Por eso las grandes corporaciones gastan mucho dinero en conexiones directas entre sus sistemas críticos. Y por eso se invierten cientos de millones en reducir 5 milisegundos la conexión entre La City de Londres y Wall Street en Nueva York.

Los que sí saben muy bien lo que es la Latencia, son los responsables de negocios basados en web. En la época de la inmediatez, un par de segundos extra en cargarse la página puede suponer la diferencia entre vender o no vender. También es de vital importancia para todos esos servicios de conferencias online, tan necesarios en los tiempos que corren.

Pero aquí ya entramos en el terreno de LA VELOCIDAD. Una presentación con muchos gráficos, una gran tabla de datos, la nueva APP de moda o su actualización y no digamos, un vídeo de muy alta resolución, ocupan muchos Megabytes o Gigabytes. Para ello necesitamos dos cosas: muchos datos y una Red muy rápida. Hay que tener en cuenta la “pequeña trampa” de que la velocidad se mide en Megabits por segundo y lo que viaja en Megabytes. Un Byte tiene, en general 8 bits, pero al trocear los Megabytes en paquetes, tenemos que añadir a cada uno información del destino y del orden que ocupan, además de códigos para detectar errores y hacer las retransmisiones necesarias. Así que cuando queremos transmitir 100 Megas, por una red con una velocidad de 10 “megas por segundo”, no tardaremos un segundo, sino, en el mejor de los casos, 10. Y eso solo si la velocidad de la conexión es estable y es solo para nosotros. Y casi nunca lo es.

Aunque tengamos una buena conexión de fibra óptica, y conectemos un único equipo a nuestro ruteador, el camino que tienen que recorrer los paquetes desde, por ejemplo el servidor de descarga del fichero, es como una red de carreteras con semáforos y, en ocasiones, atascos. Además, el almacén de la información, puede estar recibiendo simultáneamente peticiones de muchos usuarios, millones si hablamos de un “trending topic”. Aunque el computador donde se almacena la información que todos quieren consultar, sea muy rápido y potente, es posible que en determinados momentos, no de abasto.

Más importante que esto suele ser la concurrencia de muchos internautas en el mismo lugar. Quizás la conexión a Internet de la biblioteca o la cafetería sean muy buenas, pero si 20 o 50  personas están usando la misma WiFi, sus conexiones empiezan a chocar unas con otras, reduciendo mucho la velocidad.

También ocurre, especialmente en edificios de departamentos u oficinas, que haya muchos ruteadores WiFi, no muy lejos unos de otros. Todos ellos usan unos pocos canales de frecuencia y muchas veces interfieren unos con otros. Y además, hoy en día, se venden a precios asequibles, repetidores y potenciadores de la señal, que en ocasiones acrecientan el problema. WiFi es un estándar abierto y el uso de las frecuencias es libre. Es como una jungla, en la que prevalece el más fuerte, sin apenas reglas de juego. Hay programas para los computadores y apps para los móviles que exploran esa jungla.

Las redes de los operadores móviles en cambio, utilizan frecuencias reguladas. De hecho, esos operadores pagan muchísimos millones de pesos al erario público por poder usar esas frecuencias en exclusiva. Luego, gastan muchos millones más en infraestructura de antenas y transmisión, para hacer un uso eficiente de ese recurso escaso, reforzando las zonas más concurridas con antenas muy cercanas entre sí. Por eso es por lo que muchos habréis visto como en muchas ocasiones, las redes móviles son más rápidas que las WiFis públicas, e incluso que las de casa o la oficina.

En resumen, la velocidad no lo es todo, pero la latencia tampoco. La elección de una conexión depende del valor que tenga para nosotros la aplicación, la necesidad de un tiempo máximo y medio de espera que estemos dispuestos a aceptar y el ritmo al que necesitamos que se transfieran los datos, música o imágenes en un sentido o varios.

Julio Lozano – ALMA.TEL

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